Me parece irreal que ahora son un miembro Profesado de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado de Houston, porque mi camino en la vida religiosa se expande por un largo tiempo y una gran distancia. La semilla del deseo por una vida consagrada a Dios fue sembrada en mí cuando era una niña en la primaria en las Filipinas. Bendecida con amorosos padres, cinco medio hermanos mayores, una hermana menor, y una familia grande, crecí siendo católica de nacimiento en un pueblo pequeño cuya patrona es Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.
Mis padres me inculcaron el valor de la fe y la educación. Fui educada en escuelas católicas desde la primaria hasta la universidad por maestros religiosos y laicos. Mis padres y maestros me inspiraron a trabajar duro y pusieron buenas bases para mi carácter y formación cristiana. Hna. Cleofana fue una de mis maestras de primaria, y la primera en acercarse a mí y hablarme sobre la posibilidad de ser religiosa. Aunque no lo había pensado antes, y no lo tomé en serio en ese momento, se me despertó la curiosidad. Empecé a observar más la forma de vida de las Hermanas y pronto las llegué a admirar tanto que deseaba la misma vida para mí.
Un día durante la cena, encontré el valor de abordar el tema de vida religiosa con mis padres. Naturalmente, ambos pensaron que estaba muy joven y que debía terminar mis estudios. Terminé mis estudios y empecé a trabajar. Incluso esperaba que mi deseo de ser religiosa pasaría. Mi cultura espera que las mujeres se casen y tenga una familia y pensé que ese sería mi camino. Cuando mi padre falleció un mes después de mi graduación de la universidad, siendo la hija mayor de mi madre, sentí que tenía la responsabilidad de cuidarla a ella y a mi hermana menor. Sin embargo, mi interés y deseo de entrar a la vida religiosa no se iba.
En 1991, mi madre, mi hermana menor y yo emigramos a los Estados Unidos de América. Decidí regresar a la escuela y obtener mi Grado de Maestría en Terapia Ocupacional. Fácilmente encontré trabajo y pensé que eso era lo que tenía que hacer con mi vida.
Aunque pensaba que mi vida estaba decidida, sentía la inquietud de saber si la vida religiosa era mi llamado.
Viviendo en un lugar con diversos grupos denominacionales y religiones, donde, por primera vez, mi fe era retada, me hizo sentir inadecuada en mis conocimientos sobre las enseñanzas de la Iglesia. Tomé pasos para saber y conocer mejor a Jesús leyendo libros sobre las doctrinas de la Iglesia, asistiendo a pláticas ofrecidas en mi parroquia y en la diócesis e involucrándome en la vida parroquial. Para este tiempo mi madre y mi hermana sabían lo que yo sentía sobre la vida religiosa. Inicialmente ellas no me apoyaban porque no sabían mucho sobre ella y lo importante que se había convertido para mí. Deseaba encontrar guía espiritual y conocer a otras personas que compartían los mismos pensamientos y dificultades sobre la vida religiosa, pero no sabía dónde mirar o cómo empezar.
El boletín dominical de mi parroquia periódicamente tenía anuncios sobre días de discernimiento de varias órdenes religiosas. También había visto anuncios sobre los fines de semana de Life Awareness donde hombres y mujeres que están discerniendo una vocación religiosa tienen la oportunidad de pasar todo un fin de semana con sacerdotes, hermanos, monjas y novicias para enterarse lo que significa la vida religiosa. Pensé ir a alguno de estos en varias ocasiones pero siempre tuve una excusa para no hacerlo.
Finalmente, en marzo del 2000, en la fiesta de la Anunciación, no podía quedarme sin hacer nada, así que fui al “Ven y Ve” de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado. Por primera vez supe lo que era vida religiosa directamente de los que la vivían. Escuché historias de cómo una Hermana, una Novicia y una Afiliada llegaron a la decisión de vida religiosa. Encontré similitudes en mi propia vida.
Fue increíble y me ayudó a entender sobre lo que me estaba pasando. El escuchar a varios hombres y mujeres religiosos hablar y compartir sus experiencias, conocer a otros hombres y mujeres que están en proceso de discernimiento, y el tiempo que pasé en oración me animaron a continuar con mi propio discernimiento. Ese fin de semana me ayudó a estar más abierta a la posibilidad de que la vida religiosa podría ser para mí.
Con la ayuda de Hna. Ricca Dimalibot, encontré a mi directora espiritual, Hna. Kathleen Smith. Encontrar la orden correcta y saber el tiempo adecuado para entrar fueron más difíciles de lo que pensé. Exploré otras órdenes, pero continuaba luchando con preguntas sobre quién iba a cuidar de mi madre y cómo iba a cumplir con mis obligaciones financieras. Con la suave guía de Hna. Kathleen, aprendí a esperar pacientemente por el Señor y dejar que Dios tome control. Finalmente dejé todo en manos de Dios. Continué viviendo mi vida y lentamente las cosas empezaron a caer en su lugar. Mi madre y mi hermana vieron por lo que estaba pasando y empezaron a entender y aceptar mi decisión. Mi hermana y su esposo aceptaron que mi madre viviera con ellos una vez que yo entre al convento. Ellos aprecian la presencia de mi madre y su ayuda con su niño. Dios ha bendecido mucho a mi familia.
Las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado tienen lo que estoy buscando en una comunidad religiosa. La espiritualidad apostólica y contemplativa de la Congregación, y el ejemplo de las Hermanas de llevar y reconocer la presencia de Jesús en aquellos a quienes sirven es lo que me atrajo. El tiempo en el que estaba activamente buscando y tomando los pasos iniciales hacia la vida religiosa con Hna. Pauline Troncale pacientemente apoyándome y mis tres años de formación religiosa en St. Louis con Hna. Ita Harnett acompañándome fielmente, me han ayudado a crecer como persona mientras me preparaba para dedicar mi vida a Cristo.
Mi primera Profesión de votos el 15 de julio afirma la dedicación de mi vida a Dios y a esta comunidad que está comprometida a servir a la iglesia de Dios. La presencia de muchas de las Hermanas, algunos de nuestros Asociados, y de mi familia y amigos hicieron que la celebración sea especial y emocionante para mí.
Cuando miro hacia las cosas que me han llevado a donde estoy ahora, es claro que la mano de Dios ha estado en todo lo que me ha pasado. María, la Santísima Virgen, cuya guía y ayuda continuamente busco, ha sido parte de mi camino y mi modelo de confianza y amor. Estoy muy agradecida por mis muchas bendiciones, especialmente de ser parte de esta Congregación, y por el amor y apoyo de mi familia y amigos. Ruego por la gracia de mantenerme abierta y fiel a la voluntad de Dios.
Con alegría y esperanza en mi corazón, junto con nuestras Hermanas y dedicados Asociados, busco servir a Jesucristo en las personas de aquellos necesitados del amor y misericordia de Dios.