Hermana Sheila Marie O'Sullivan

Hermana Sheila Marie O'Sullivan

Cuando recién entré a la vida religiosa, quería, desesperadamente, ir a África como misionera. Eso fue hace más de cincuenta años y la Congregación no tenía una misión ahí en esos tiempos. 

Sin embargo, 25 años después el Equipo de Liderazgo decidió que era tiempo de enviar Hermanas a África y Hna. Celestine Kavanagh fue la primera en ir a Kenya.

Pronto, una segunda Hermana fue enviada ahí, y en ese tiempo empecé a preguntar si yo también podría ir. Tomó años de preguntar y esperar, y no hasta que Hna. Elizabeth Ann Hayes fue Superiora General que se me concedió mi pedido. Le estaré por siempre agradecida.

Desde el primer día que puse pie en Kenya, me enamoré del lugar y de la gente. Fue realmente el principio de una nueva vida para mí. Sentí que estaba en casa. Hna. Miriam Therese Miller me recibió cariñosamente en Nairobi y fue realmente una maravillosa mentora para mí durante mis primeros meses en Kenya. Ella me enseñó tanto en tan poco tiempo porque en el término de mi primer año allí, ella regreso a los EE.UU.

Mi primer ministerio fue en Soweto, uno de los muchos tugurios de Nairobi. Se me pidió enseñar inglés a estudiantes del 7mo y 8vo grados en una escuela informal auspiciada por la Iglesia Católica. Debo decir, tenía un poco de aprehensión al principio cuando vi de 60 a 70 estudiantes por clase todos amontonados en espacios pequeños. Los salones eran de lata, lo que los hacían muy calientes. Los estudiantes estaban sentados de cinco a seis por banca que solo debía acomodar a dos. Algunos se sentaban para afuera y otros para adentro. Nadie tenía libros. Pero cuando vi la alegría y la esperanza en sus caras supe que estaba en el lugar correcto. Los estudiantes eran maravillosos, y tan ansiosos de aprender. Fue realmente una alegría enseñarles. 

Me dijeron que ellos llegaban a la escuela a las 6:30 a.m. Estaba muy oscuro a esa hora y por eso encendían velas y hacían sus tareas. Muchos de ellos no tenían tiempo en casa para estudiar ya que salían tarde de la escuela y luego tenían que hacer sus deberes como recolectar leña o traer agua. Cuando escuché eso, con gusto me levantaba temprano y caminaba por un inmenso campo para llegar a la escuela. Después de poco tiempo, ya conocía varios atajos por los tugurios que me llevaban a la escuela. Algunas veces me sentía como el Flautista de Hamelín porque los niños me seguían y decían: "Cómo está, cómo está."  Pasé dos años muy felices en ese ministerio.

Mientras estaba preparando un Plan Regional para presentarlo a la Asamblea 2000 de nuestra Congregación, las Hermanas en Kenya nombraron el cuidado a niños cuyos padres habían muerto debido a VIH/SIDA como una preocupación principal. No había organizaciones en ese tiempo que aceptaban familias de niños. Las Hermanas de la Región se reunieron con Hna. Olive y con el Consejo durante la Asamblea. Juntas tomaron la decisión de usar los hermosos edificios de Elizabeth Place como un hogar para familias o niños huérfanos debido al VIH/SIDA.

El programa necesitaba una Directora. Rápidamente me ofrecí para el trabajo, ¡Aunque no tenía idea por dónde empezar! Pero no tenía miedo. Tenía a Hna. Raphella Curran conmigo, y sabía, que con su ayuda podía cumplir esta tarea. También encontré a una maravillosa Hermana de la Misericordia de Irlanda, Mary Killeen, que había trabajado en los tugurios de Nairobi por casi treinta años. Ella se convirtió en mi mentora. Dentro de pocos meses, con la ayuda de Hna. Raphella y Hna. Mary Killeen, había recibido todos los permisos necesarios para abrir la casa, que dicho sea de paso, la llamamos Centro de Niños Elizabeth Place.  Se le nombró en honor a Hna. Elizabeth Ryan, una de las Hermanas del Orfanato de St. Mary en Galveston que perdió su vida en la Tormenta de 1900.

El 9 de mayo, 2001, el Centro de Niños Elizabeth Place abrió sus puertas para recibir a los primeros dos huérfanos, Mónica Mwikali, y su hermano, Paúl. El 23 de mayo, Hna. Olive Bordelon, Superiora General; Hna.  Margaret Ann Toomey, Consejera General; Margaret Wambui, la Madre Sustituta; Serah Muthoni, ama de llaves; Hna. Raphella, Mónica y Paúl, nuestras Hermanas de St. Catherine y yo estuvimos presentes. Hna. Olive bendijo cada habitación y todos cantamos, rezamos y celebramos esta gran ocasión. Esa misma noche, Samson Mbugua, un tercer niño, vino. Poco tiempo después teníamos varios niños. 

Hna. Raphella regresó a los EE.UU. y Hna. Christina Murphy vino. Chrissie, con sus abundantes dones administrativos, empezó a escribir las reglas y procedimientos. Juntas escribimos la Declaración de Misión y la Visión, y algunos Criterios de Admisión para el Centro así como descripciones de puesto para nuestro personal. Contratamos una Trabajadora Social a tiempo completo, Mildred Amiani, (ella es un tesoro), cuya función principal es investigar la situación de cada niño. Queremos ayudar a los niños que están más necesitados. 

Hoy en día tenemos veintitrés saludables y felices niños en el Centro. Tenemos ocho niños y quince niñas. Los niños van de tres años a quince años. Todos asisten a la escuela diariamente.

Los cuatro más chiquitos van a las 6:30 a.m. en el autobús a  kindergarten, y los niños mayores caminan a la Escuela Primaria Católica que está a cargo de las Hermanas Carmelitas Apostólicas. Los niños tienen una rutina definida los días de semana, pero los fines de semana son más libres. Los niños mayores son muy buenos ayudando a los más chicos.

Hay tantos huérfanos que necesitan nuestra ayuda, pero el espacio en el Centro es limitado. Es por eso que empezamos un Programa de Alcance con el cual ayudamos a cerca de otros 50 huérfanos que se quedan con familiares con nuestra ayuda. Ayudamos a pagar por medicinas, pagos escolares, uniformes, libros, y algunas veces comida.

Recaudar fondos para los huérfanos es un trabajo a tiempo completo. No es mi cosa favorita pero tiene que hacerse. Estoy agradecida por las muchas personas que nos han ayudado en el pasado. Estén seguras de que los niños rezan por ustedes diariamente.

Como lo dice el salmista: "Te agradeceré, Oh Señor, con todo mi corazón" (Salmo 9:1) por permitirme venir a  Kenya.