Hermana Alma Murphy


 Hermana Alma Murphy

Entrada 1928, Muerta 1996

La mañana del 16 de abril, 1947 empezó pacíficamente en la costa del Golfo de Texas. El cielo era azul y la temperatura era de un hermoso día de primavera.
 
En el Hospital St. Mary en Galveston la nueva Ala Este estaba empezando a tomar forma, aunque no era más que un cascarón de edificio. La Hna. Alma Murphy era la administradora del hospital y estaba caminando por los pasillos con el supervisor de manteniendo del edificio. Eran las 9:00 a.m.
 
Lo que pasó después fue algo que ni la Hna. Alma ni nadie que vivía en el condado de Galveston en ese tiempo iban a olvidar.
 
“Lo tengo en mi mente,” Dijo una vez la Hna. Alma cuando estaba siendo entrevistada. “Sentí como que el suelo se estaba levantando contra mis pies. Inmediatamente nos dimos cuenta de que había habido una explosión y lo primero que pensamos es que había sido en el hospital.”
La explosión que Hna. Alma sintió ocurrió en Texas City, Texas, al otro lado de la bahía de Galveston. Hasta el momento esta explosión aún se considera como el peor accidente industrial en los Estados Unidos.
 
A las 9:12 a.m., el barco S.S. Grandcamp explotó en el muelle. La nave de bandera francesa que estaba transportando nitrato de amonio se había incendiado esa mañana y atentos fallidos para sofocar el fuego probaron ser fatales.
 
Antes de que cayera la noche se habían admitido 200 pacientes al Hospital St. Mary provenientes de la explosión. Hermanas del hospital de Beaumont llegaron para ayudar con el cuidado de esos pacientes.
 
“La gente venía masivamente al hospital,” Escribió una vez Hna. Alma recordando el desastre. “Todas las camas en el hospital estaban ocupadas.” Los doctores y las enfermeras trabajaron día y noche.
 
Al día siguiente hubo una segunda explosión en otro barco que había agarrado fuego proveniente de la primera explosión. Ahora habían más victimas que eran transportadas al hospital que ya había superado su límite. Familiares y amigos de las victimas inundaban el hospital.
 
La Cruz Roja se estableció en el comedor de las Hermanas.
 
La gente de la comunidad vino para ofrecer ayuda y materiales no solo por preocupación por los heridos sino también por amor y respeto a las Hermanas.
 
Hermana Paula Long pidió ayuda al Hotel Galvez ya que los pacientes estaban ahora acostados sobre el piso de los corredores.
 
El hotel respondió enviando más de 200 camas y colchones, más dos juegos de sábanas por cada cama. Aunque las camas eran tan necesitadas y bienvenidas, las Hermanas enfrentaban el dilema de dónde ponerlas.
 
Hermana Alma indicó que las camas se colocaran en la nueva ala del hospital que aún estaba en construcción. Los contratistas le dijeron a Hna. Alma que el edificio no estaba listo todavía. Considerando las necesidades de tantos heridos, ella rápidamente respondió, “Ahora ya lo está.” Se orden a los trabajadores que limpiaran el área rápidamente y que salieran.
 
Según contaba Hna. Alma, “Los contratistas del nuevo edificio no estaban a favor de que usáramos el edificio, pero no había otro lugar en que pudiéramos atender a los heridos. No había electricidad, ni ventanas, ni agua potable y ciertamente no había aire acondicionado. Oscar Hopkins, un viejo amigo de St. Mary, que tenía el contrato de electricidad para el nuevo edificio, puso lámparas en todo sitio.”
 
Aunque no se supo el número exacto de los muertos, se estima que casi 600 personas murieron como resultado de esas dos explosiones. De ese número solo 298 fueron identificados positivamente.
 
Hna. Alma recordaba, “Por todo ese día y noche sentimos la presencia del Señor con nosotros. El nos guió por la gran responsabilidad de cuidar a las personas durante esta emergencia para la cual estábamos completamente sin preparación. Estaremos por siempre agradecidas por Su ayuda de tantas diferentes maneras.”