Hermana Monicah Mugure Ng'ang'a

 

Hermana Monicah Mugure Ng'ang'a

Todo en la vida tiene su principio en Dios. Nací en Kenya y soy la menor de nueve hijos. Mi familia tiene fuertes raíces en la fe católica. El don de la fe me vino por medio de mis padres, pero especialmente de mi madre con quien pasé la mayor parte de mi tiempo cuando era niña. Su amor por nosotros, sus oraciones en tiempos de problemas y dificultades y su devoción a Nuestra Madre María sembraron en mí la semilla de amor y aprecio por mi fe católica.

Cuando estaba creciendo, había un grupo de Hermanas Dimesas trabajando en mi parroquia. Ellas eran muy buenas y amigables, especialmente con los niños pequeños. Lo que más me impresionaba a mí era cómo se vestían. Ellas tenían un uniforme blanco que las cubría de pies a cabeza, y cuando estaban caminando juntas ¡parecían un grupo de ángeles! Yo empecé a pensar, "Cuando crezca, quiero ser Hermana."

Con el pasar del tiempo, mi deseo de ser Religiosa empezó a desaparecer. Cuando empecé la escuela preparatoria, mi enfoque cambió a casarme algún día. Después de la preparatoria, entré a una universidad dirigida por las Misioneras Consolata.

Es aquí cuando mi deseo se volvió a encender de una forma plena y madura. Me uní a un club de jóvenes que estaban buscando su vocación. Después de un año, sentí que estaba llamada a dar mi vida a Dios como Hermana Religiosa.

Un día estaba en clase leyendo la Revista Raíces. Vi un anuncio de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado. Leí las palabras del Obispo Dubuis: "Nuestro Señor Jesucristo sufriendo en una multitud de enfermos y necesitados de toda condición busca alivio en sus manos." Esto me impresionó de una manera especial. Por muchos años he visto a la gente sufrir. ¡Nunca se me ocurrió que es Cristo quien sufre en ellos! Este fue el momento definitivo en mi vida. Sentí que era un llamado especial a la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado.

Escribí a Hna. Francesca Kearns quien era la Promotora de Vocaciones para las Hermanas en África. Fue el principio de una relación de discernimiento y oración con la Congregación.

Entré al Postulantado en enero, 2004. Después de un año entré al Noviciado. Durante este tiempo, profundicé mi vida de oración, aprendí más sobre la historia de nuestra Congregación y trabajé en diferentes apostolados.

Por todo este camino, ha habido retos y dificultades, así como grandes momentos de crecimiento, felicidad y alegría. En todo esto, mi amor por el Verbo Encarnado ha aumentado.

El 9 de diciembre, 2006, el 25 Aniversario de nuestra Congregación en Kenya, estará por siempre en mi corazón. Me puse en presencia de Dios y Su Iglesia, y pronuncié mi Profesión de Primeros Votos con alegría en el corazón. Me sentí como una persona que ha estado caminando una gran distancia y finalmente ha llegado a su ser amado. Este fue un día muy especial para mí.

Hna. Lillian Anne Healy, Líder de nuestra Congregación, recibió mis votos. Mi corazón estaba en paz porque ¡esto es lo que realmente deseaba! El camino acaba de empezar. Este fue solo otro paso en mi discernimiento. Ahora estoy trabajando en el Centro Ukarimu en Molo. Estoy feliz en mi ministerio.

Estoy muy agradecida a mis familiares, mis directores y a todas las Hermanas por su continuo apoyo, amor y oraciones. Me gustaría agradecer de manera especial a Hna. Ignatia Driscoll, mi compañera de oración. Aunque nunca nos hemos conocido personalmente, ella me ha acompañado en oración desde que fui postulante con la Congregación. Espero que algún día nos encontremos y podamos conocernos. Que el Señor las bendiga a cada una de ustedes. Espero contar con sus oraciones en el resto de mi camino.