Hermana Rose Claire Nanjira

 

Hermana Rose Claire Nanjira

EL AMOR DE DIOS

Cuando reflexiono sobre mi camino espiritual, mi corazón se llena de gratitud por todo lo que el Señor ha hecho por mí. La fe es una gracia de Dios y le agradezco a Dios por todas las gracias que El me ha concedido para poder crecer en fe. 

El haber sido criada en una familia cristiana ha contribuido mucho en profundizar mi camino espiritual. Cuando recuerdo la forma en que mis abuelos por el lado de mi papá cambiaron su religión del Islam al catolicismo, me siento animada porque ellos pudieron soportar todos los retos que encontraron después de haber cambiado de una religión a otra.  Ellos también pudieron pasar el valor de la fe a mis padres quienes pasaron ese valor a mí. Mi fe empezó a hacerse más fuerte cuando fui bautizada a la edad de diez años porque estaba conciente de que la tarea era vivir las promesas que le había hecho a Dios. Fui llamada a poner mi fe en acción en mis actividades diarias. Mi deseo de ser una Hermana se hizo más fuerte cuando admiraba a mi tía que es monja en un Convento Carmelita. Cuando entré a la preparatoria, no pensé mucho en ser religiosa sino que me concentré en mis estudios. Después me di cuenta que Dios me estaba llamando desde lo más profundo de mi y traté de escuchar lo que ese llamado significaba en mi vida.

Fui a hablar con mi tía sobre mi deseo y ella me dio los contactos de su Congregación y la de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado. Escribí a las promotoras de vocaciones de ambas Congregaciones y cuando ellas respondieron, yo respondí a la apostólica, porque sentí que mi llamado es servir activamente al pueblo de Dios. Continué comunicándome con Hna. Francesca Kearns, promotora de vocaciones. Ella me invitó a varios seminarios para conocer más sobre la Congregación. Cuando les di la noticia a mis familiares, fue difícil para mis parientes musulmanes entender el tipo de vocación que estaba escogiendo. 

Mi fe siempre me ha pedido que confíe en Dios incluso cuando las cosas parecen ir de formas inesperadas. La ayuda más importante en mi camino espiritual ha sido la oración porque por medio de ella he profundizado mi intimidad con Cristo. La oración y reflexión me ha ayudado a darme cuenta que no estoy sola; El Señor siempre me ha estado acompañando en el camino. Cristo se ha convertido en mi mejor y más cercano amigo, cuando quiera que siento que mi fe se sacude siempre me encuentro colgándome a El para que me fuerzas.  

Durante mi segundo año en el noviciado fui enviada en misión a uno de los tugurios conocido como Mukuru. Ofrecí mis servicios como trabajadora social a toda la gente con la que me encontraba todos los días. Esto fue tanto dador de vida como desafiante mientras yo abrazaba a Cristo en la gente pobre. Disfruté trabajando con ellos mientras los aceptaba con sus incertidumbres y todo esto me ayudó a estar en contacto con mis propias incertidumbres. Algo único de los que viven en los tugurios es que, aunque materialmente son pobres, espiritualmente son muy ricos. He aprendido mucho de ellos cuando compartían sus experiencias.     

Pronuncié mis primeros votos el 8 de diciembre, 2007, estaba nerviosa y a la vez contenta. Estaba feliz cuando tomé mis votos a pesar de los desafíos y las alegrías que continuarán desenvolviéndose mientras empiezo a vivir mi vida profesada. Me siento reforzada por Cristo al comprometer mi vida a El. Es mi oración que en mi diario morir y renacer, pueda vivir mis votos plenamente y someter todo mi ser a Dios y poder servirle a El y a su pueblo con todo el corazón.

Me siento agradecida a Dios por haberme llamado a servirle a pesar de mi debilidad y por Su gran amor que he experimentado en toda mi vida. Me gustaría agradecer a Dios el especial don de nuestra Congregación; por Hna. Francesca Kearns quien se arriesgó para recogerme de mi aldea a pesar de la gran distancia y de los malos caminos. Me gustaría agradecer a mis formadoras Hnas. Mary McHale, Rose Nyambura y Mary Tobin por su apoyo, inspiración y a todos los que han tocada mi vida. Ellos me ayudaron a crecer de varias maneras mientras me preparaba a abrazar la vida religiosa. Me gustaría también agradecer a mis familiares, parientes y amigos de manera especial por su gran apoyo y oraciones. Que Dios los bendiga abundantemente.

Ha tomado compromiso, sacrificio, determinación, trabajo duro, oración y más que nada, ha tomada fe, esperanza y confianza en Dios para ser lo que soy hoy y es mi plegaria que yo pueda abrazar a Cristo en las personas de una multitud de enfermos y necesitados de toda condición que busca alivio en mis manos, especial-mente en este tiempo cuando nuestro país está atravesando mucha crisis y tensión. Todos nosotros hemos sido afectados de una manera u otra, y por lo tanto es mi oración que yo pueda llegar a las personas que vienen al Centro Ukarimu buscando ayuda. Deseo poder proveer un hombro para que ellos se puedan apoyar porque la mayoría de ellos están desvastados.

¡Alabado sea el Señor a pesar de la violencia!