Hermana Lucy Jacinta Mueni

 

Hermana Lucy Jacinta Mueni

Mi preparación para la vida religiosa empezó cuando era una niña o quizás pudo haber empezado antes que eso. Cuando niña disfrutaba viviendo en una comunidad de niños y niñas en mi vecindario, donde aprendí el significado de compartir. Nunca quería ver a la gente peleándose aunque a veces yo misma peleaba por mis derechos y los de los otros niños. Muchas personas influenciaron mi vida, especialmente mis padres. Mi hermana Cecilia era una joven muy comprometida en la iglesia local. Muchas personas deseaban que ella se hiciera religiosa algún día. Yo también estaba segura de eso ya que ella era muy activa en actividades de la iglesia y en el coro familiar. Esto hizo de que no hiciera público a nadie mi deseo de ser Religiosa, excepto a Dios. Sabía que mi padre no dejaría que dos de nosotras seamos religiosas ya que él no era bautizado en ese tiempo. Mi deseo se hizo mayor durante mi educación primaria y secundaria donde conocí a niñas y niños cuyas ideas eran pro y en contra de la vida religiosa.
 
No me atrevía a que sus puntos de vista me desanimaran ni compartía mis sentimientos sobre la vida que más deseaba. Lo mantenía en secreto en mi corazón. A veces me confundía entre lo que necesitaba en la vida, por ejemplo matrimonio o ser religiosa y a veces los dos podrían balancearse, Entonces, ¿Qué hacer después? Decidí terminar la escuela. Cristo era mi animador en ese tiempo ya que no podía compartir con otros. Solo El sabía lo que estaba ardiendo en mi corazón.
 
Solía leer muchos artículos religiosos, que conseguía de amigos además de religiosos aunque en secreto. Las cosas salieron más o menos a la luz cuando fui elegida como secretaria en la parroquia, donde conocí a una señora que me dio la Revista Semillas para que la leyera. Viendo el carisma de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado y mi deseo de servir a Dios en los pobres y en los que sufren como enfermera y como Hermana, sentí que fue un momento lleno de oración. Luego quise saber más sobre la Congregación.
 
Escribí mi primera carta a la animadora de vocaciones y después de tres semanas, recibí una invitación para un seminario de vocaciones. No asistí porque tuve miedo de la reacción de mis padres. Luego encontré la valentía e hice la decisión de "ir y ver" lo que era la vida religiosa. Esto fue durante la segunda invitación de Hermana Francesca Kearns a un seminario de vocaciones.
 
Ese seminario me terminó de convencer para empezar mi formación religiosa y preparación para lo que deseaba de todo corazón: llegar a ser Religiosa. Lo bueno era que ya no estaba sola. Desde ese momento Jesús vino a mí por medio de Hermana Francesca quien era mi animadora en nombre de Cristo. Ella contribuyó mucho a quien soy yo ahora, junto con el resto de las otras Hermanas CCVI.
 
Durante mi preparación para decir “Sí” el 10 de diciembre, 2005, reflexioné sobre las palabras que un Religioso me dijo antes de ser Postulante CCVI. El me dijo que tome un lapicero y escriba las palabras que él me iba a dictar. Le dije que no tenía un cuaderno o papel para escribirlas pero él seguía insistiendo que sí lo tenía. “Si realmente haz hecho tu decisión final para decir ‘Sí’ a la vida religiosa, te aseguro que el ‘Sí’ que tomes no es un ‘Sí’ de comodidad sino un ‘Sí’ de lágrimas, y si perseveras, el cielo estará cerca a ti. Escribe esto en tu corazón.” me dijo.
 
Aunque muy inocente en mi intención de servir a Dios en la gente que sufre como lo dice el Carisma, sabía dentro de mí que a pesar de las lágrimas, habrían también tiempos de alegría y cantos. Conoceré y veré a Dios. Era un ‘Sí’ de lágrimas, así como un ‘Sí’ de alegría y amor por el Verbo Encarnado como lo experimenté en formación y en el apostolado. Para mí, fue Cristo, en su misericordia, quien me ayudó a empezar a darme cuenta de mi deseo desde mi niñez y quien promete ir conmigo en mi Camino a Galilea como lo hizo con sus discípulos. Esto me dio la esperanza de que el Verbo Encarnado era mi deseo. Mi oración e intención es realmente enamorarme más de El y que El me conceda el don de Fortaleza para ser capaz de temerle sobre todas las cosas al vivir mis votos.
 
Un simple “Sí” a Dios a través de su Hijo Jesús en la Profesión una vez más me recordó de mi “Sí” en el Bautismo y una expresión de que necesitaba a Jesús más que nunca para ayudarme a vivir lo que había pronunciado a Dios y a Su Iglesia.  Este simple ‘Sí” a Dios y a la Iglesia fue también un “No” a muchas cosas. Le dí un “Sí” para depender de El y poder dar dignos frutos por medio de Su gracia, a amar más a la Trinidad, y a arriesgarme a lo desconocido con esperanza y fe. Estoy muy feliz por el deseo concedido y mi oración es poder continuar creciendo en servicio de la Palabra sufriendo en la humanidad.  He experimentado este servicio en hospitales, hogares y en individuos, haciendo no grandes cosas a mi misma o a otros, sino dejando que mis actos humanos sean motivados por la compasión y misericordia de Jesús. Esto es y será mi felicidad.
 
Finalmente agradezco a la Trinidad, a la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, a mi familia y amigos por su continuo apoyo en este camino, por sus oraciones y por su guía. Que Dios los bendiga.
 
Alabado sea el Verbo Encarnado, por siempre.