![]()

Hermana Stanislaus Mackey
Entrada 1933, Muerta 2004
Por muchos años estuve en misión en Centro América. Ahora estoy retirada, pero tuve la oportunidad de regresar hace algunos años. Fue una maravillosa experiencia, no solo pude ver a viejos amigos, sino que pude constatar la diferencia que nuestra Congregación ha hecho a través de los años en las vidas de tanta gente. Al visitar muchos de los viejos lugares, recordé lo que me llevó allí.
Nací en Kinalboy, Ennis, County Clare, Irlanda. Cuando tenía casi 18 años, entré en el Convento San Miguel en Carrigoran, County Clare Irlanda como candidata para la Vida Religiosa. Era algo que había deseado y por lo que había rezado mucho.
Nuestra “banda” llegó a la Villa de Matel el 21 de octubre, 1935. Yo estaba segura de que quería ser enfermera. Entré a la Escuela de Enfermería Hotel Deiu de Beaumont en1941, y me encantaron todos los cursos y todas las rotaciones de servicio.
Era enfermera de cirugía cuando en 1962, el Papa Juan XXIII pidióa todas los Superiores Generales de los Estados Unidos de congregaciones de hombres y mujeres que contribuyan 10 por ciento de su personal religioso a América Latina y a otros países del Tercer Mundo. Nuestra Superiora General, Madre M. Fidelis Flynn, respondió enviando un llamado a la Congregación por cuatro voluntarias para Guatemala en Centro América.
Yo había leído mucho sobre Centro América y había escuchado a los sacerdotes hablar sobre ello. Recuerdo pensar que si Dios así lo deseaba, sería muy bueno de que yo fuera y ayudara.
Me ofrecí como voluntaria para la misión, y estuve encantada de ser una de las elegidas junto con las Hermanas Paulette Shaunfield, Margaret Kelly, y Dermot Cahill.
La Madre Fidelis me dijo que sería parte del personal del Hospital en Guatemala. Recuerdo tratar de visualizar algunas de las necesidades de la misión y lo que llevaría a Guatemala que me ayudaría.
Llegamos a Huehuetenango en marzo de 1962, y nos recibieron el Obispo Hugo Gerberman, Misionero de la Orden Maryknoll y Obispo de Huehuetenango, acompañado por el Doctor George Vides, director del Hospital Nacional.
Primero tuve que recibir educación y entrenamiento de castellano. Encontré algo difícil aprender el castellano hasta que una de las Hermanas Maryknoll me dijo “Stan tu tienes que ir a un lugar donde no se hable inglés y lo aprenderás rápidamente” — ¡y así fue como lo aprendí!
En 1963 cuando vi por primera vez el Hospital, me fue difícil no saber por dónde comenzar. Existían tantas necesidades. Estuve muy agradecida de poder contar con nuestra Congregación y especialmente con la Villa de Matel como una fuente de recursos a donde acudir, debido a que muchas veces habían dos o tres pacientes muy enfermos en una misma cama, no contábamos con agua potable, ni electricidad con excepción de un pequeño enchufe, y tampoco contábamos con ningún tipo de material quirúrgico.
Como la mayoría de los pacientes habían viajado grandes distancias para llegar al hospital, se encontraban demasiado enfermos para recuperarse –pensé que si llegábamos a verlos antes les podríamos a salvar la vida. Trabajé con personas de la aldea y les enseñé a un grupo pequeño cómo reconocer síntomas de enfermedades y cómo usar remedios sencillos para aliviar dolores y malestares.
Los hombres y mujeres de este grupo se encargaban de proveer atención médica a las personas del área y las ayudaban a llegar al hospital con tiempo. Este plan se difundió por todas las aldeas.
Ahora, Hermana Madeleva y sus Promotores de la Salud han tenido un verdadero impacto y han logrado ayudar a muchas personas. Ellas visitan áreas muy remotas para ayudar a los más pobres de los pobres.
En 1974, fui asignada al Hospital St. Francis en Tulsa y posteriormente al Centro Médico St. Mary en Long Beach. En 1983 pude regresar a América Latina y fui asignada al Orfanato COAR en Zaragoza, La Libertad, El Salvador con la Hermana Audrey.
El 21 de junio de 1989 recibí un disparo en el lado izquierdo de mi cabeza. Me trajeron en un avión comercial médico al Hospital St. Joseph en Houston para recibir el tratamiento médico y quirúrgico que necesitaba.
Ahora en Huehuetenango existe un nuevo y excelentemente equipado hospital y un personal entrenado. La hija del Doctor Vides ahora continúa con el trabajo de su padre.
Lo que han logrado hacer por esta comunidad es impresionante. La calidad del cuidado ha mejorado un 100 por ciento.
Yo pensé que nunca regresaría a América Latina. Incluso, no estaba segura si llegaría con vida a EE.UU., pero gracias a Dios, he podido regresar para ver las vidas que se han beneficiado con nuestros ministerios.
Estoy consciente de que no es lo que yo hice allá, sino lo que Dios hizo por mí y fuimos Sus instrumentos para ayudar a aliviar el sufrimiento.
Desearía que todas las personas pudieran ver todo lo que se ha logrado en América Latina, y le agradezco a Dios por los grandes logros médicos y quirúrgicos.