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Hermana Hellen Chepkurui Koskei
Nací en Kenya, soy la tercera en una familia de seis hijas. Mi papá es protestante y mi mamá católica. Debido al trabajo de mi papa, él a menudo estaba ausente de la casa. Fuimos bautizados cuando niños y criados en la fe católica.
Yo quería entrar en la Vida Religiosa desde que era chiquita. En ese tiempo, vivíamos cerca a un hogar para los deshabilitados llamado Casa San Francisco. La casa estaba operada por las Hermanitas de San Francisco. Lo que me atrajo a estar Hermanas fue su amor por los niños pobres y discapacitados. Ellas los trataban como que fueran sus propios hijos. Cuando las observaba, empezaba a desear la misma vida para mí misma.
Varias veces las Hermanas me encontraron jugando con estos niños. Una de las Hermanas me dijo, "Tú vas a ser una de nosotros algún di." Nunca dije una palabra, solo les sonreía.
El deseo de ser Religiosa continuó durante la escuela primaria, pero no se lo dije a nadie. Un día, dos Hermanas vinieron a visitarnos en nuestra iglesia. Cuando las escuché, me impresionaron y me dije a mi misma, "Me gustaría ser una de ellas." Esa noche no pude dormir porque estaba pensando en lo que ellas habían compartido con nosotros.
Cuando estaba en la Escuela Secundaria, algunas de mis amigas me hablaron sobre el trabajo de las Religiosas en sus parroquias. Ya que sabían de mi interés, me dieron materiales de varias Congregaciones. Las leí y escogí diferentes órdenes que me atrajeron. Me tocó el Carisma de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado y su llamado de fundación: "Nuestro Señor Jesucristo, sufriendo en las personas de una multitud de enfermos y necesitados de toda condición, busca alivio en sus manos." Sentí que esta Congregación era donde el Señor me estaba llamado. Estas palabras me recordaron que cuando era niña una de mis tías dijo, "Si fuera joven otra vez, me haría Religiosa y serviría a la gente, especialmente a los enfermos." Yo la miré sin responder, pero yo tenía las mismas ideas.
Escribí una carta a la Directora de Vocaciones. En unos días recibí respuesta de Hermana Francesca Kearns. Cuando tuve la valentía, compartí esto con mis padres. Mi papá, siendo protestante, estaba en contra de la idea. En mi cultura, las mujeres no tienen voz, por eso mi mamá no podía decir nada. Por casi dos años, no volví a decir nada sobre mi deseo de entrar a la Vida Religiosa.
Recé por mi papá y mis oraciones fueron escuchadas. Un día mi mamá me dijo que mi papá había accedido a mi deseo de entrar a la Vida Religiosa. Estaba embargada de una alegría que no puedo explicarla.
Asistí a mi primera junta de Buscadores de Vocaciones. No conocía a nadie excepto Hna. Francesca Kearns y ella me llamó por nombre diciendo, "Bienvenida Hellen. He estado deseando que vinieras." Estuve muy complacida y feliz por la cordial bienvenida que ella me dio.
Decidí que esta Congregación era la adecuada para mí.
Dije "Sí" el 9 de diciembre, 2006 en mi Primera Profesión de Votos. Este "sí" trae consigo aceptar la voluntad de Dios. Es un "sí" que me llama a entregar todo en mi vida a mi Creador. Significa estar lista y dispuesta a cargar mi cruz diligentemente.
Los tres años de formación han sido de gran ayuda para mí. Ese tiempo me ha preparado para vivir la Vida Religiosa como Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado. Me ha enseñado que cada uno de nosotros debe escalar su propia montaña y luchar por un destino que es solo de uno mismo. Estoy muy feliz y agradecida por las Hermanas que han caminado conmigo durante estos tres años. Todo esto me llama a poner mi confianza en Dios ya que El conoce cada fibra de mi ser y El está siempre listo a dirigirme en cada situación de mi vida.
Agradezco a todos los que me han ayudado a ser quien soy hoy, especialmente a las Hermanas. Continuemos rezando los unos por los otros.