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Hermana Annunciata Kavinya Kisuva
MI DESEO ERA MAS FUERTE QUE LA SATISFACCION
Soy la cuarta en una familia de doce. Crecí entre ocho niñas y tres varones y mis padres. Vivíamos como una comunidad en mi familia, trabajando juntos, compartiendo y haciendo todo juntos. Incluso nos reíamos juntos porque algunas de mis hermanas tienen un buen sentido del humor.
Por toda mi vida tuve un deseo que me quemaba dentro. Para empezar, cuando estaba en grado siete, había una voz interior que me decía que iba a servir a Dios en Vida Religiosa, pero yo no le ponía atención. Ya que era bautizada, me sentía atraída a involucrarme en la vida de la iglesia recitando poemas, especialmente en la Noche Buena, cantando y otras actividades de la iglesia.
La escuela preparatoria a la que asistía era patrocinada por protestantes, y los protestantes parecían más fuertes que los católicos. Esto no presentaba un gran desafío porque mi fe estaba completamente viva y fuerte. La mayoría del tiempo teníamos servicio en nuestra escuela por Hermanas de una congregación que no conocía porque no estaba muy atraída a ellas ya que silenciosamente estaba discerniendo la voluntad de Dios para mí.
En nuestra escuela, recibíamos boletines de vocaciones cada semestre de las Hijas de San Pablo. Encontraba que estos boletines eran de mucha ayuda porque contenían retos sobre la vida religiosa, vivir mi fe y otros temas sociales. Los leía con interés.
Durante la preparatoria participé completamente en la Sociedad de Jóvenes Cristianos, pero no compartía con nadie mi deseo de entrar en la vida religiosa. Mis amigos varones estaban buscando compañía, y tuve muchas propuestas de matrimonio. Toda esta atención, con tiempo, se sentía vacía y aún necesitaba algo más para sentirme realizada.
Cuando terminé la preparatoria, pasé el siguiente año, es decir, 2001, en casa con mi madre haciendo un discernimiento personal sobre la Vida Religiosa. En casa ayudaba a mi mamá con el quehacer de la casa y ese mismo año asistí a la profesión de votos perpetuos de una Hermana Ursulina en mi parroquia. Seguí la ceremonia con gran interés. Al final sentía algo que no podía explicar, y sentí que le debía mucho a Dios. Me fui a casa con ese sentimiento y tomé un tiempo para pensar y rezar.
Los siguientes dos años no me dieron tiempo para hacer una decisión así que decidí cambiar de ambiente, pensaba que quizás podría cambiar esos sentimientos de querer ser religiosa. Me quedé dos años con mi hermano y mi hermana en Nairobi, y ahí pude experimentar la vida en la ciudad. Fui fiel a la oración y no quería faltar a Misa los domingos. Esto es lo que me ayudó a mantener mi posición durante los desafíos que encontré en la vida en la ciudad. A pesar de que mi hermano y hermana suplían todas mis necesidades materiales, yo tenía necesidades interiores, deseos; la profesión perpetua de esa Hermana parecía estar siempre presente.
No estaba conforme, y decidí regresar a casa y revelarles a mis padres mis deseos de unirme a la Vida Religiosa porque mi discernimiento personal había llegado a un alto. Tenía el fuerte deseo de no tomar una decisión por tres años, pero en el momento en que empecé mi camino con Hermana Francesca Kearns, Directora de Vocaciones para las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, me empecé a relajar.
Afortunadamente, Hna. Fran me proporcionó materiales espirituales e hice lo mejor que pude para cumplir lo que ellos me decían. Estas lecturas parecían satisfacer lo que me faltaba. En todo el periodo de formación en el Postulantado y Noviciado, me di cuenta que mi deseo siempre fue y continúa siendo seguir al Verbo Encarnado a quien debo tanto. He podido recordar mis experiencias pasadas y meditar sobre dónde y cómo ha estado Dios presente en mi vida y no lo noté.
Parcialmente puedo comparar mi encuentro con Cristo con el del proverbial Jonás porque a pesar de diferentes circunstancias, he tratado de mantenerme fiel; el Señor me ha guiado de acuerdo a Su plan. Mis años en formación han sido años de aprendizaje sobre Cristo y su cuerpo. Mi historia alcanzó su cumbre en la celebración del 8 de diciembre, 2007, cuando continué diciendo sí a Dios en mi primera profesión de votos. Es mi plegaria que viviré los tres votos fielmente y seguiré al Verbo Encarnado hasta el final a pesar de los desafíos que tengo que encarar en mi vida como Religiosa.
¡ALABADO SEA EL VERBO ENCARNADO!