![]()

Hermana Elizabeth Jepkorir Kiptoo
DICIENDO “SI”
Sé que decir “Sí” es un compromiso de toda la vida respondiendo al llamado de Dios, y es una elección personal todos los días. San Pablo nos presenta el Sí total de Jesús a la voluntad de Dios, “No es sí y no” (2 Cor 1:18-22). María, la Madre de Dios, ha sido mi modelo, y siento que Dios siempre está esperando por mi “sí” así como él esperaba el de María.
Al reflexionar sobre mi vida, me doy cuenta que admiraba mucho a las Hermanas cuando era chica. Tengo la bendición de haber nacido en una familia católica porque es donde mi fe tomó raíces profundas. Cuando crecí, el deseo de servir a Dios como Hermana Religiosa empezó a quemarme por dentro. Era como un fuego inextinguible que no podía explicárselo a nadie ya que ni yo lo entendía en ese entonces. Traté de ignorarlo ya que no estaba segura si ése era el llamado de Dios.
En el 2000, después de mi educación secundaria, me di cuenta que todavía tenía el deseo y esta vez más profundo. Sin decirle nada a mi familia, empecé mi jornada de discernimiento tratando de conocer a las Hermanas por donde yo estaba. Quería conocer su forma de vida y las calificaciones. Tomó tiempo de oración al Espíritu de Dios para que me dirigiera y Ella lo hizo.
Conocí a la Congregación por mi prima Lioline que era Afiliada CCVI. Ella me presentó a Hna. Francesca Kearns quien era la Directora de Vocaciones. Empecé mi camino con Hna.Fran en agosto, 2002, y ella real-mente me impresionó con su fidelidad en responderme y escribirme. Ella se convirtió en una buena amiga, no solo para mí sino también para mi familia.
Hna. Fran me invitaba para días de oración en Ukarimu Centre todos los meses, y yo no dudaba en decir sí ya que tenía el deseo de saber más sobre ella y sobre las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarna-do. Me sentí en casa por la impresión que recibí la primera vez que visité Molo. Hna. Mary McHale y las Postulantes que estaban en Ukarimu en 2003 fueron muy hospitalarias, amorosas, amables y generosas conmigo. Continué discerniendo la voluntad de Dios y estaba comprometida y fiel a asistir a los días de oración. Antes de tomar otro paso, sentí la necesidad de compartir mi deseo con Regina, mi hermana mayor y ella me animó a primero tomar un curso y luego tratar de escuchar más antes de decidirme. Solicité matricularme para estudiar para maestra de educación inicial y tuve la bendición de tener una oportunidad. Me matriculé en abril, 2003 y me gradué en diciembre, 2004. Debido a mis estudios no pude asistir a Seminarios de Buscadores de Vocaciones que se llevan a cabo dos veces al año. Hna. Fran me mantenía informada enviando un resumen de lo que se compartía durante los seminarios.
Me hice Afiliada el 26 de octubre, 2003 y como deseaba continuar con el camino me enamoré más del Verbo Encarnado y pedí proceder con el próximo paso como Postulante. En el 2005 fui aceptada y mi formación empezó oficialmente. Mi relación con Dios y con los miembros de mi comunidad se hizo muy fuerte. Disfruté mi año como Postulante en el cual muchas personas tocaron mi vida, especialmente Hna. Mary McHale quien generosamente me acompañó ese año. Antes de fin de año, pedí unirme al Noviciado y estuve muy feliz de ser aceptada el 8 de diciembre, 2005.
Doy gracias a Dios por los dos especiales años en el Noviciado porque es donde aprendí muchas cosas concernientes a la Vida Religiosa, tomé el tiempo suficiente para estar con el Verbo Encarnado, y empecé a integrar mi vida por medio de oración, comunidad y ministerio.
Tuve muchas experiencias que me enseñaron que esta vida es tanto dadora de vida como desafiante. Valoro la bondad de la compañía en el camino porque disfruté sus frutos y apertura como una puerta para el crecimiento. Dije mi ‘SI” grande el 8 de diciembre, 2007 y estoy feliz de ser una Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado.
Ahora estoy en la Comunidad Baraka dando testimonio de Jesús en la Escuela Primaria Obispo Ndingi. He tenido experiencias muy tristes este año debido a la crisis política que ha contribuido a muchas muertes, desplazamiento de miles de personas y pérdidas de propiedad que ha costado millones. Estoy tratando lo mejor que puedo de ser un Evangelio de Amor para mi comunidad y para quienes me encuentro cada día. Le agradezco a Dios por todos los que me han apoyado en el camino de decir “Sí”; especialmente mi familia, formadores, benefactores, y mis compañeros. Que Dios los bendiga abundantemente.
¡Alabado sea el Verbo Encarnado!