

Hna. Martha Irene Agüero Velásquez
Dios de Sorpresas
Agradezco a Dios por este llamado a la vida, al bautismo y a la vida religiosa y a Su misión. Pertenecer a esta gran familia es un regalo muy valioso que El me ha dado. También, agradezco a la familia de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado y a la gente con la que comparto mi vida.
Estoy muy contenta y dispuesta a continuar abrazando este amor que Dios me muestra por medio de todas sus criaturas, ver a Dios en cada rostro que me sonríe. El vivir una experiencia de cercanía a la Congregación me lleva abrazar más ese deseo de seguir perteneciendo a esta gran familia de Hermanas.
Pido a Dios la gracia para seguir siendo fiel a este llamado de cada día. Como persona humana, sé que a veces hay cosas que me hacen tambalear en mi deseo de ser una religiosa apasionada y entregada a la misión, pero siento esa fuerza del amor de Dios que me acompaña en mi caminar para continuar con ese "Sí", como el de María y nuestras tres primeras Hermanas. Siento su presencia todos los días en mi ministerio con la gente pobre, sencilla y vulnerable. También siento su presencia cuando encuentro a gente fuerte, y le pido a Dios por fuerza y valentía. El apoyo y protección de Dios es especialmente importante en nuestro medio donde existe mucho miedo, violencia, robos, y amenazas. Sobre todo pido por la gracia del amor de Dios para ayudarme a ser testigo de la misión como Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado, para ver que el Espíritu de Dios es dinámico. No puedo quedarme en el pasado sino necesito tener el deseo de renovarlo en cada encuentro personal con los jóvenes, en los diferentes ambientes, estar conciente que es Cristo mismo quien está presente en cada uno, no importa el color de la piel, pero en el centro de cada persona se encuentra el mismo Verbo Encarnado que clama y viene a mi encuentro.
El tiempo que he vivido en la Villa de Matel, la Casa Matriz de nuestra Congregación, ha sido un don para mí. He vivido muchas experiencias que me han ayudado para continuar como una hija cristiana de Dios y también como religiosa. El espacio de la Villa y el ambiente de silencio que se genera son medios importantes para una comunicación fuerte con Dios. He podido encontrarme a mí misma en mi vocación y mi deseo de darme a mí misma cada día.
Yo soy de Guatemala y durante mi experiencia internacional, viví con las Hermanas en la Villa de Matel. Estoy muy agradecida a ellas por su apoyo y comprensión. Ha sido una riqueza encontrarme con Hermanas De diferentes nacionalidades. Disfruté de las celebraciones de cumpleaños donde siempre había comida típica de nuestros países.
Reconozco que el idioma fue una barrera para nosotras, ya que yo hablo español y la mayoría de las Hermanas en la Villa solo hablan inglés, pero estoy contenta de haber pasado tiempo con ellas. Hubieron muchas Hermanas dispuestas a ayudarme con el idioma inglés, traduciendo para mí durante las clases de formación religiosa. Que Dios las bendiga.
También tuve la oportunidad de llegar a conocer a las Hermanas de la Comunidad St. Placidus. Fue una experiencia Maravillosa que enriqueció mi vida y aumentó mi amor por la Congregación. Estoy agradecida a nuestro fundador y a nuestras primeras Hermanas que respondieron al llamado de Dios.
También he experimentado el dolor de ver partir a muchas Hermanas y personas que han sido importantes para la misión, pero confío que ellas siempre nos acompañarán en nuestros ministerios.
Tuve el privilegio de visitar Castroville, Texas, el primer lugar a donde fue asignado el Obispo Dubuis. Yo ya conocía su historia y sentía el deseo de físicamente palpar parte de esa historia. Visité la iglesia que él construyó hecha de piedras y la casita en donde vivió por un tiempo. De veras, esto me reta a continuar respondiendo a este llamado.
Otra experiencia que recuerdo es cuando se me dio la oportunidad de ayudar con el programa de alfabetización, patrocinado por nuestras Hermanas y Hermanas de dos otras Congregaciones. Encontré mucha gente latina que no solo tenía el deseo de aprender sino también de compartir y llegar a conocer a la Congregación.
Viví una experiencia muy fuerte en el retiro de 30 días. Era como decirle a Dios: Aquí está tu obra, moldéala a tu manera. Me he sentido muy amada por Dios. Siento que Dios está conmigo y respeta mi decisión. El ambiente de oración, el lugar y la persona que nos acompañó durante el retiro fueron medios importantes para dejarme llevar por ese amor de Dios.
Le agradezco a la Congregación, al liderazgo y a todas las Hermanas que me apoyaron durante el proceso de formación. También agradezco a todas las comunidades que fueron parte de este caminar, mis compañeras de camino, que siempre nos supimos apoyar y retarnos en el proceso. Agradezco a todos los amigos que también fueron parte del proceso de mi formación.
Las Hermanas fueron muy generosas para acompañarnos en diferentes lugares. He disfrutado todo. Ha sido una experiencia maravillosa para mí.
Mi familia siempre me ha tenido en sus oraciones y me ha apoyado durante mi formación académica y espiritual.
Muchas, muchas gracias a todas las personas con las que he trabajado; ellas fueron el medio para ver a Cristo en el presente.
El Día Más Feliz de Mi Vida
Eran las 9:00 a.m. del 5 de enero y la Misa para mi Profesión Perpetua estaba para empezar. Llegué justo a tiempo. Cuando entré a la Capilla, me di cuenta que mi familia no estaba presente. Salí de prisa a buscarlos y los encontré caminando hacia mi. Yo estaba conciente de que necesitaba la presencia de ellos que fueron testigos de mi bautizo y ahora la confirmación de mi Sí. Antes de la Misa Mons. Mario Molina me estaba hablando sobre un cambio en las lecturas, especialmente la primera lectura del libro del profeta Jeremías que habla sobre el llamado que él recibió. Humildemente le dije que me identificaba con el profeta Jeremías. Desde que he estado con la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, estoy más conciente de ese llamado, y, por supuesto, a veces no soy digna de ese llamado pero sigo respondiendo.
Al momento de decir Sí, sentí que Dios estaba frente a mí. Sentí la poderosa presencia de la Congregación, y del pueblo de Dios que me aseguraba su compañía en mi caminar como CCVI.
Experimenté la fuerza para seguir abrazando lo que Dios continua ofreciéndome, y mi respuesta ha sido pedirle a El que esté conmigo.
La ceremonia estuvo muy concurrida por familiares, Hermanas, y amigos cercanos. Ese fue el día más feliz de mi vida. Le dije a Dios y a la Congregación "Aquí estoy; acompañadme para seguir haciendo presente el Reino de Dios aquí en la tierra." Este deseo que tuve desde los doce años se me hizo realidad.
El experimentar el abrazo de Dios y la alegría de reunir tantos amigos, familiares y Hermanas es como sentir el Dios de la Felicidad a mi lado inundándome con Su amor y Su gracia.
Al mismo tiempo pude sentir la gran fuerza que me estaba enviando no importa dónde.
Después de la ceremonia pasamos a la recepción donde las Hermanas y las señoritas en formación habían preparado una deliciosa comida. Tuvimos un día muy feliz con mariachis y un delicioso pastel. En medio de todo ese compartir, conversaciones, bromas, sé que Dios me susurraba al oído para ser enviada a una nueva misión que yo no tenía idea lo que era.
Concluyo el relato de esta experiencia con un sueño que tuve cuando tenía aproximadamente 8 años. Soñé que dos personas entraron en mi cuarto, ellas vestían sotanas blancas. Una se parecía a San Francisco y no reconocí a la otra en ese momento. Una de ellas me tocó la cabeza. En ese mismo sueño alguien me dijo que esas personas eran santas. Fue un sueño muy rápido. Cuando vine a la Congregación, encontré la imagen de la persona que no reconocí en mi sueño. Era el Obispo Claudio María Dubuis. Me siento inspirada de contar esta experiencia que ha estado conmigo toda mi vida.