Hermana Edith Bulubisi Wasike

 

Hermana Edith Bulubisi Wasike

Cuando reflexiono sobre mi camino de fe, me parece un sueño. Ya que nací en Kenya en una familia protestante, el ser una Mujer Religiosa Católica no era una de las metas en mi vida.  En mi juventud, hubo tiempos en los que iba a la iglesia católica a ver lo que estaba pasando allí. En esos momentos admiraba todo lo que veía. Durante mis primeros días de escuela, estaba contenta de asistir a Misa todos los días. Esto me dio ánimos para compartir el deseo de mi corazón con una Hermana Ursulina. Ya me había registrado para hacerme católica y me animaron a tomar tiempo examinando mis sentimientos antes de unirme a la clase de catecismo.

Después de unos meses, me uní a la clase de catecismo y empecé a aprender sobre la fe católica. Fue en estas clases que empecé a entender mi atracción a la iglesia. Se lo conté a mis padres en una carta, pero cuando fui a casa para las fiestas mi padre no estaba muy contento. Esto no tenía sentido para él. Pero no desistí en mi deseo de rezar para que mi meta se haga realidad.  Continué con las clases y me uní a la Sociedad de Jóvenes Cristianos. En el último año de mis estudios, llegó el momento de ser presentada a la iglesia para el Bautismo. Desafortunadamente, el sacerdote descubrió que mi parroquia era una misión de su parroquia. El decidió enviarme a mi parroquia local con una carta para poder terminar las clases y ser bautizada allí. Este fue uno de los momentos más duros en mi vida ya que sabía que mis padres estaban en contra de mi decisión.

No sabía qué hacer, pero me llené de valor y compartí mis sentimientos con mis padres. Mi padre no dijo nada por un mes. Finalmente, él le dijo a mi madre que me llevara donde el sacerdote. Durante este tiempo de espera, le pedía a Dios que se hiciera Su voluntad. El sacerdote me aceptó en la clase de catecismo por cuatro meses. Fui bautizada y recibí la Primera Comunión el 20 de mayo, 2000. Este fue un día muy especial en mi vida. Estaba llena de una alegría y paz que nunca había sentido en mi vida. Esta experiencia afirmó para mí las palabras de Jesús: "Con Dios todo es posible." Después de hacerme católica, sentía que había un vacío en mi vida que no había sido llenado. Este era mi deseo de ser Religiosa. Con varias direcciones de la Revista Semillas, escribí a diferentes Congregaciones. Después de una semana recibí respuesta de Hna. Francesca Kearns, Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado, quien me invitó a un día de oración.

En mi primera junta con ella, me aconsejó que fuera a la Universidad. Mientras asistía a la Universidad continué yendo a juntas mensuales de Buscadores de Vocaciones y a otros seminarios. No estaba segura de mi llamado. ¿Era casarme o ser religiosa? Esto me llevó a un discernimiento serio Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado.

En Enero 2004, me hice Postulante. Para mí ésta fue una etapa de muchas preguntas. Algunas veces fue muy confuso, pero me ayudó a entender la Vida Religiosa. Durante el Postulantado, aprendí a rezar y reflexionar sobre mi vida. Durante mi Noviciado, aprendí diferentes maneras de enfrentar los retos de la vida. El año espiritual fue especial y una bendición para mí. Tuve suficiente tiempo para rezar, trabajar y para la recreación. Fue un año de crecimiento en mi entendimiento de la Vida Religiosa, de la oración y de auto-conocimiento. Aprendí a invitar a Jesús a estar conmigo en mis momentos difíciles y confiar en El como mi guía y buscar su voluntad en todo lo que hago. El segundo año de mi Noviciado fue diferente. Hubo muchas actividades, pero traté de balancear mi vida. Me ayudó a experimentar el ministerio y me dio una visión del futuro de una Religiosa.

Cuando llegó el momento de prepararme para mi retiro antes de la profesión, tenía miedo. El primer día de mi retiro compartí mis sentimientos con mi director espiritual. El me dijo, "¿Tienes la valentía de creer en la promesa que Cristo moverá la roca que nos entierra y nos liberará? El ya lo ya hecho, El resucitó."

También reflexioné sobre las escrituras del Salmo 56:4 e Isaías 12:2; 41:10. Ellos me llamaban a ir del miedo a la confianza. Esto abrió mi corazón a aceptar la voluntad de Dios y a servir a Dios como una Hermana de la Caridad del Verbo Encarnado, un Evangelio de Amor.  Aprendí que siempre tengo que tener en mente que nunca va a ser fácil, pero es solo con la gracia de Dios que voy a aceptar los momentos duros con fe y reconocer a Dios en ellos. Me sentí más animada cuando reflexioné sobre el Libro del Profeta Isaías que dice, "No temas porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre. Tú eres mía." Dios no garantiza que no habrá problemas. Pero lo que El sí garantiza es que estará conmigo como una torre de fuerzas cuando enfrente problemas.

El decir "Sí" en mi Primera Profesión de Votos el 9 de diciembre, 2006 fue un compromiso más profundo que el de mi Bautismo. He aprendido que donde existe un "Sí" no importa lo simple que sea, también hay una posibilidad de un "No" Estoy conciente de que necesito la ayuda de Dios para continuar viviendo mi "Sí". El llamado del Obispo Dubuis dice "Nuestro Señor Jesucristo sufriendo en una multitud de enfermos y necesitados de toda condición busca alivio en sus manos." He experimentado este llamado en los estudiantes y padres en la escuela y en casa y recojo fuerzas ayudándolos en sus estudios y en sus problemas.

Doy gracias a Dios por guiarme en mi camino hasta ahora, a la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, a mi familia y amigos por su apoyo, guía y oraciones. Que Dios los bendiga a todos.