Hermana Kim-Phuong Tran


Hermana Kim-Phuong Tran

Habiendo nacido en una familia vietnamita con la tradición de dar culto a los ancestros como mi religión, no fui bautizada católica sino hasta los 21 años. La fe es un don que no se puede explicar o probar, pero se puede revelar por una conversión del corazón mediante eventos y personas que Dios escoge. Esa fue mi experiencia en mi camino hacia un mayor conocimiento y una relación más profunda con Dios, el lugar donde la semilla de mi vocación religiosa empezó a brotar.
 
Cuando los comunistas de Vietnam del Norte tomaron Vietnam del Sur en 1975, mi familia y la gente del sur vivían en condiciones económicas y políticas opresivas. No había esperanza para nosotros durante esa dificultad excepto por nuestra nueva fe en Dios por la intercesión de la Santísima Virgen María, a quien conocimos gracias a nuestros amigos católicos. Fui bautizada mientras que mi país enfrentaba la muerte, y al mismo tiempo yo estaba viviendo una nueva vida de fe.
 
Después de escapar de Vietnam y convertirme en refugiada, me quedé a vivir en Houston, Texas, desde ese momento, mi vida tomó un rumbo diferente. El choque de culturas, la barrera del lenguaje, la soledad en un país extraño fueron los factores que motivaron que me acercara a Dios. Me uní a un grupo de oración vietnamita que se llamaba Comunidad de Vida Cristiana, y por medio de este grupo, hice retiros anuales siguiendo los ejercicios espirituales de San Ignacio. Tengo una conexión profunda con Jesús por mis oraciones diarias, meditación sobre las escrituras, y trabajo apostólico en las parroquias. Mi camino espiritual me dio fuerzas, no solamente para adaptarme a una nueva cultura, sino para disfrutar de la sociedad occidental.
 
Durante un retiro en 1992, reconocí mi llamado religioso. Después de unos años de discernimiento, en 1997, entré a la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado. Creo que vivir una vida profesada fue lo mejor para mí. Esa fue mi respuesta a Dios a quien amo y a quien quiero consagrar mi vida por medio de votos públicos en presencia de la Iglesia, incluyendo mi comunidad religiosa. Creo que a través de mí, Dios puede mostrar Su amor y gracias por todos.
 
En 1998, empecé mis estudios de teología en el Instituto Aquino de Teología como parte de los requerimientos en mi programa de formación. Actualmente estoy en mi último año de estudios teológicos y mi internado como capellán. Mi primera Profesión el año pasado fue una celebración muy feliz en presencia de mi familia, las Hermanas, y amigos. Este significativo evento continuará siendo una fuente de alegría y de esperanza por el resto de mis años. Mi Profesión ha afirmado mi vocación y se ha vuelto la fuente de mi energía para mi ministerio.
 
El conocimiento de teología ha nutrido mi corazón y hace que busque a Dios en la espiritualidad de la Encarnación y ha abierto mi mente al Dios del Cosmos. Siento mi renacimiento en una nueva cultura de Dios como mujer asiática viviendo en el mundo occidental.