Hermana Pamela Thiaine


 

Hermana Pamela Thiaine

ATREVIENDOME A SER DIFERENTE

Soy la tercera en una familia de siete. Tengo cuatro hermanas y dos hermanos. Crecí en una familia católica en la Parroquia Mikinduri, Diócesis de Meru en la Provincia Oriental de Kenya. El bautismo me inició en la familia cristiana y me dio un sentido de pertenencia en la familia de Dios. 

Las Hermanas Evangelizadoras de María y las Hermanas de la Consolación que trabajaban en mi parroquia fueron de gran inspiración para mí. Yo quería ser como ellas. Mi deseo crecía día a día mientras estaba en la primaria. A veces las Hermanas venían a nuestra escuela y nos enseñaban himnos y bailes. Esto me animaba. Terminé la primaria y fui a una escuela secundaria protestante. La vida estaba llena de vueltas y torceduras especialmente en temas de fe.

Después de la secundaria empecé a pensar qué haría con mi vida. Antes de terminar, el viejo deseo de ser religiosa se estaba volviendo muy fuerte dentro de mi, y le estaba prestando un poquito más de atención.  Empecé a buscar consejo de fuentes confiables y ellos me ayudaron a nutrir el deseo que estaba ardiendo en mí. Me sentí rejuvenecida y empecé a pensar más allá de las Hermanas en la parroquia. 

Contacté a Hna. Francesca Kearns, Directora de Vocaciones para las Hermanas de la Caridad del Verbo Encarnado, por medio de la Revista Semillas. Me tocó profundamente las palabras del Obispo Dubuis, “Nuestro Señor Jesucristo sufriendo en las personas de una multitud de enfermos y necesitados de toda condición busca alivio en sus manos.” Opté por escoger esa Congregación en particular y creo que el Espíritu de Dios estaba sobre mí. Yo quería saber más y cuando Hna. Fran respondió a mi carta me sentí animada. Mientras tanto, me estaba preparando para tomar un curso de maestra. Mientras estaba en la universidad, continué comunicándome con Hna. Fran y ella me ayudó a tomar la decisión de hacer mi primer compromiso como Afiliada. Empecé el postulantado el 6 de enero, 2005. 

Antes de entrar, enfrenté muchos retos. Acababa de terminar mi curso en la Universidad y me ofrecieron trabajos en escuelas de muy buena paga y fue una gran tentación. También enfrenté a amigos e incluso a  familiares que me desanimaban. Sin embargo, esto no me hizo detenerme en seguir mi corazón.

Entré al Noviciado el 8 de diciembre, 2005 e hice mi Primera Profesión el 8 de diciembre, 2007. En todas las etapas de formación, los momentos de silencio, trabajo, oración, estudio y vida en comunidad han sido pilares de vida. El silencio es la clave y me ayuda a descubrir mi yo interior y mi relación íntima con el Señor. Ministerio es una manera poderosa de perfección personal que contribuye al equilibrio mental y al desarrollo personal. El estudio me ayuda a buscar y penetrar el misterio de Dios.

En el pasado, quizá tuve miedo de la intimidad con Cristo porque pensaba que me privaría de la muy necesaria diversión. Sin embargo, la oración ha sido mi prioridad por eso siempre he tomado tiempo en medio de mi ocupado horario para estar en contacto con la realidad más profunda de mi ser. Por lo tanto, me he dado cuenta que la Vida Religiosa no es estar confinada en una cárcel social como mucha gente fuera de las paredes del convento lo ven. Los votos de castidad, pobreza y obediencia están en el corazón de mi compromiso como Hermana en formación inicial. La castidad es el amor sin egoísmos por el Reino de Dios. Es un símbolo de esperanza que con apoyo espiritual nuestra sexualidad en el mundo de hoy puede ser redimida y liberada de los egoísmos. Debe liberarme para amar a Dios y a Su pueblo especialmente a los abandonados, a los carecen de privilegios y a los que nadie ama. Me esfuerzo para ser fiel porque cuando se vive fielmente es una señal de esperanza. Me he comprometido a escuchar a Dios y a mis Hermanas por medio de la obediencia por lo que  he cultivado una unión amorosa con Dios que se ha convertido en el terreno de todo lo que escojo. Más aún, me esfuerzo por una administración responsable por medio de mi voto de pobreza. 

Estoy muy agradecida por los cambios de vida que me han pasado desde que encontré a mi Amor, el Verbo Encarnado. Alabo y doy gracias a Dios por el Amor que El me ha prodigado tan generosamente, por mi familia, especialmente mi difunto papá que fue un símbolo del amor de Dios, un pilar de esperanza y una fuente de inspiración, que descanse en paz. Del mismo modo estoy agradecida a todos mis formadores, mis Hermanas y todos los que continúan apoyándome en este caminar. El camino no es llano pero es mejor así porque a través de los desafíos me he mantenido fuerte. Como lo dijo Martin Luther King, Jr., al final no vamos a recordar las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos. Me doy cuenta que aquellos que me desafiaron fueron mis más queridos amigos porque siempre querían lo mejor para mí. Actualmente estoy sirviendo con alegría en la Escuela Parroquial Primaria Cristo Rey, Deanato Oriental de Nairobi y vivo en la Comunidad Loyola.

¡Alabado sea el Verbo Encarnado!